Los riesgos de imprimir sobre una lona de mala calidad
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A simple vista, todas las lonas publicitarias pueden parecer iguales: una superficie, un diseño llamativo y ojales que permiten colocarla en casi cualquier sitio. Sin embargo, la realidad es muy distinta. La calidad de una lona no solo afecta a cómo se ve el mensaje, sino a cuánto dura, cómo envejece y qué imagen transmite de la marca que hay detrás. Imprimir sobre una lona de mala calidad puede convertirse en un problema que solo se detecta cuando ya es demasiado tarde.
Cuando los acabados lastran el mensaje
Los acabados son el último paso del proceso de impresión, pero uno de los más determinantes. En una lona de mala calidad, los errores en este punto se notan rápido y de forma muy visible: ojales mal colocados, termosellados débiles o bordes sin refuerzo provocan tensiones desiguales que terminan deformando la lona en pocos días. El resultado es un soporte que se arruga, se descuelga o incluso se rompe antes de cumplir su función.
Otro riesgo habitual es la falta de precisión en los acabados cuando la lona se instala en exteriores. El viento, la lluvia o el simple movimiento del aire hacen que cualquier debilidad estructural se multiplique. Una lona con acabados deficientes no solo pierde presencia visual, sino que puede acabar desprendiéndose, generando problemas de seguridad y costes añadidos de sustitución o retirada urgente.
Además, los acabados influyen directamente en la percepción de calidad, una lona mal rematada transmite descuido, improvisación y falta de profesionalidad.
Materiales que envejecen antes de tiempo
El material es el corazón de cualquier lona publicitaria. Cuando se opta por una lona de baja calidad, los problemas no suelen aparecer el primer día, sino con el paso del tiempo. Colores que pierden intensidad, superficies que se cuartean o tejidos que se vuelven rígidos son señales claras de un material que no estaba preparado para el uso previsto.
Uno de los mayores riesgos es la baja resistencia a la intemperie. Muchas lonas económicas no están diseñadas para soportar una exposición prolongada al sol, a la humedad o a los cambios de temperatura, esto provoca que la tinta se degrade rápidamente, generando un aspecto apagado y poco atractivo.
También hay que tener en cuenta la estabilidad del material. Una lona de mala calidad puede deformarse con facilidad, creando ondulaciones que afectan a la legibilidad del mensaje. En formatos grandes, este problema se acentúa y hace que la impresión pierda nitidez, incluso aunque el archivo original sea perfecto.
La ubicación como factor decisivo
La ubicación es el elemento que más suele subestimarse al elegir una lona publicitaria. Una lona de baja calidad puede funcionar aceptablemente en un entorno controlado, pero fallar estrepitosamente cuando se instala en el lugar equivocado. Fachadas expuestas al sol directo, vallas en zonas abiertas o estructuras temporales en eventos exigen materiales y acabados específicos.
Cuando la lona no está adaptada a su entorno, los problemas aparecen rápido. El viento puede provocar desgarros, la lluvia puede afectar a la superficie de impresión y el sol puede deteriorar tanto el material como los colores. En estos casos, la lona deja de cumplir su función publicitaria y se convierte en un elemento que resta valor a la marca.
Además, una mala elección de lona según la ubicación puede generar gastos imprevistos. Sustituir una lona dañada, volver a imprimirla o contratar una nueva instalación supone tiempo y dinero que no estaban contemplados. En campañas con fechas cerradas, estos retrasos pueden hacer que la publicidad llegue tarde o directamente no llegue.
El coste oculto de elegir mal
Uno de los errores más comunes es pensar que una lona barata siempre supone un ahorro. En realidad, imprimir sobre una lona de mala calidad suele salir más caro a medio plazo. La necesidad de reimprimir, recolocar o sustituir el soporte convierte una decisión aparentemente económica en un gasto recurrente.
A esto se suma el impacto en la imagen de marca. Una lona deteriorada, descolorida o mal instalada proyecta una imagen negativa que puede afectar a la percepción del negocio. En un mercado cada vez más visual y competitivo, estos detalles marcan la diferencia entre captar la atención o pasar desapercibido.
Elegir bien desde el principio implica entender que la lona no es solo un soporte, sino una extensión de la identidad de la marca. La calidad del material, los acabados y su adecuación a la ubicación son factores que determinan el éxito real de la campaña.
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