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LOS SIETE CONTRASTES DE COLOR DE JOHANNES ITTEN

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Junto con la tipografía, el color es uno de los pilares fundamentales del diseño gráfico. Conocer sus posibilidades reales resulta esencial a la hora de enfrentarse a la construcción de una pieza comunicativa. En otras ocasiones hemos hablado del significado de los colores y hoy queremos centrarnos en la relación que existe entre ellos.

 

Cuando percibidos dos o más colores juntos y constatamos diferencias entre ellos hablamos de contraste. En su libro “El arte del color”, Johannes Itten describe siete tipos de contraste de colores que se derivan del particular modo de actuar que posee cada color. Descubrir las leyes que rigen cada contraste nos ayuda a comprender el funcionamiento de una composición cromática, lo cual otorgará coherencia y solidez a nuestro trabajo. 

 

Contraste del color en sí mismo


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

Se trata del contraste más sencillo de todos y para representarlo hacen falta, al menos, tres colores puros netamente diferenciados. La triada amarillo-rojo-azul, constituye la expresión más fuerte de este tipo de contraste, fuerza que va rebajándose conforme nos alejamos de los colores primarios. El efecto que se deduce es siempre multicolor, franco, potente y neto.

 

Contraste claro-oscuro


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

Este tipo de contraste surge cuando diferentes gradaciones de un mismo color se relacionan entre sí y donde lo importante es que la concordancia de tonos provoque la sensibilidad de los grados de claro-oscuro y de sus contrastes. En esta oposición entre lo claro y lo oscuro, entre la luz y las tinieblas, el blanco y el negro representan la más fuerte oposición entre colores.

 

Contraste caliente-frío


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

Dentro del círculo cromático y en función a su temperatura, los colores se clasifican en fríos y cálidos. Cuando las temperaturas de dos colores se contraponen entre sí, se origina el contraste caliente frío. De la misma manera que el blanco y el negro representan los extremos del contraste claro-oscuro, el azul-verde y el rojo-anaranjado son los polos que representan el mayor nivel de frialdad y calidez respectivamente.

 

Contraste de los complementarios


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

Son complementarios dos colores cuya mezcla origina un gris negro neutro. El acercamiento de los colores complementarios aviva su luminosidad, pero al mezclarse se destruyen como el agua y el fuego. En el círculo cromático son los colores diametralmente opuestos. Utilizados en las proporciones requeridas, los colores complementarios engendran un efecto estático y sólido donde cada uno conserva su luminosidad sin modificaciones.

 

Contraste simultáneo


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

El contraste simultáneo es el fenómeno según el cual nuestro ojo, para un color dado, exige simultáneamente el color complementario y, si no se le es dado, lo produce él mismo. Si sobre un cuadro de color puro situamos un pequeño cuadro gris en el mismo grado de claridad, el espectador tendrá la sensación de observar esa mancha grisácea en el color complementario al color de base.

 

Contraste cualitativo


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

La noción cualitativa del color se fundamenta en el grado de pureza o saturación. El contraste cualitativo resulta de la oposición entre un color saturado y luminoso y otro color apagado y sin resplandor.

 

Contraste cuantitativo


 

Contraste del color en sí mismo

 

 

Finalmente, el contraste cuantitativo afecta a las relaciones de tamaño de dos o de tres colores. Es el contraste de lo mucho-poco, de lo grande-pequeño. Para lograr una relación equilibrada entre colores, debemos tener en cuenta que el tamaño de la mancha debe ser inversamente proporcional a la luminosidad del color. Así, el amarillo, el color más luminoso, deberá ocupar la mancha más pequeña mientras que el violado, el color más oscuro, formará una mancha más grande en la composición.

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